¿Compran Huevos?
Esta era la voz con la que, desde el zaguán de la casa, se anunciaba la vendedora, ya que los huevos se vendían a domicilio a mediados de los años cincuenta, al precio de unas doce pesetas la docena.
Pues bien, ahora viene la gracia: solían formar pareja un par de elementos que, agudizando la voz —si es que no era suficiente la suya—, anunciaban el producto fingiendo ser la vendedora. Al poco se oía el eco lejano: «¡Ya voy…!», mientras el par de pilluelos salían «escopetaos» para esconderse en una esquina y ver la cara de la pobre ama de casa, pasmada al no ver a nadie.
A ellos les daba la risa floja, y la víctima volvía al hogar con el cesto vacío y el ceño fruncido.
2 de marzo de 2026
Miguel Colomer Hidalgo

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